martes, 4 de octubre de 2016

Encuentro con lo Real

Te peinás un poco con la mano, te mirás en el reflejo de la puerta (si, estás ahí, sos vos), suspirás pensando una frase de cabecera, tocás el timbre y esperás con una sonrisa ensayada aunque verdadera. No hay respuesta. No te exasperás aunque algo te inquieta sin que tomes conciencia de Ello."Quizás no escuchó, fue un solo timbre". Volvés a apretar el botón pero nada viene del Otro lado. Otra vez nada, otra vez algo. Ahora te inquieta más y lo podés sentir. Pensás y no encontrás otra explicación. O las encontrás pero ninguna te conforma. Otro timbre más y la angustia te invade. No entendés. Nunca lo entendés, sólo lo sentís. No hay respuesta. Todo menos una respuesta. Te ves al borde de un agujero, de la nada, no hay respuesta. Te sofocás y te decís a vos misma, aunque no muy segura, que murió, y después peor, pensás que está con otra. ¿Y que cómo puede ser y que quién será? Por qué me haría es... Hola amor! Bajé a comprar unas birras para ir a lo de Martin.

Ahora tenes la respuesta del Otro. Esquivás el agujero y estás segura. Ahora la angustia se va, aunque en algún momento te va a extrañar.

lunes, 22 de agosto de 2016

Encuentro

Por esa calle que no caminás podés ver una ventana que no ves en un edificio al que no entrás. Ahí, una persona que no conoces se prepara un café que no saboreás y se pone la ropa que no le sacas. Saluda al hermano que no saludás y abre la puerta que no cerrás. También elige un camino que no elegís.

lunes, 11 de abril de 2016

El libro de la muerte

Te encontrás a vos mismo caminando por la calle y visibilizas diferentes opciones: que un colectivo te atropelle, que te disparen para sacarte la billetera y el celular o que una estructura de edificio se te caiga en la cabeza. Sin embargo seguís caminando. Dos pasos y en una bocanada de aire entra por tu boca un virus microscópico y desconocido. Una hora después morís.

martes, 29 de marzo de 2016

Lo mismo de nunca


"No todas son rosas en el campo del rey.
No todas las rosas del campo son del rey.
No todos los reyes saben mucho sobre rosas.
No todas las rosas quieren saber de algún rey."*


Muchas veces me gusta comer con vos, ducharme con vos, ir al baño con vos, coger con vos, tomar agua con vos, respirar con vos. Muchas otras veces me gusta hablar con vos, jugar con vos, escuchar música con vos, coger con vos, ver una película con vos, pasear con vos. Otras veces no. Los besos son míos y te los doy, pero algunos besos me los quedo. No todo te lo comparto, sino no habría ni yo ni vos, aunque en realidad nunca los habrá tan definidos. Yo no soy vos, vos no sos yo y yo no soy yo. Soy nada y en ese ser nada soy todo. Soy posibilidades, potencia. Soy un viento que lo recorre todo y para el cual el límite no existe, una caricia de amor que en realidad nunca termina, un pasado pero más precisamente soy un futuro que todavía no está. Soy mis besos que te doy, los que elijo no darte y aquellos que inventaré. Un campo para recorrer eternamente. Soy eso que todavía no es y que muchas veces ama comer con vos, ducharse con vos, ir al baño con vos, coger con vos, tomar agua con vos, respirar con vos. 

*Tirando Piedras al Rio, Miguel Abuelo

martes, 22 de marzo de 2016

Panóptico

Te sentás sola en ese café. Tanta gente para elegir, pero te sentás sola. Recorrés historias en las diferentes miradas, en las palabras que apenas oís, en los movimientos de las manos que dibujan estelas. Nadie lo ve, sólo vos, sólo vos sola. Ves lo que no ve nadie porque nadie elige ver. La vida pasa al lado tuyo. Te acaricia los pelitos del brazo con un roce casi imperceptible (para ellos, claro, tan concentrados en vivirlo). Te abstraés y ves la vida pasar en todo lo que te rodea, en todo lo que hay. Tus ojos son cada vez menos tuyos y más del tiempo. Estás casi como en un sueño hasta que tomás ese café de un solo sorbo y volvés a vivir. Ahora dejás de estar observando abstraída. Que único y necesario que fue: poder conocer lo que otros no conocen, poder sentarse sola en un café. Sentarse sòlo por sentarse. Ver por ver. Quizás mañana elijas otra casa de café y la vida te acaricie nuevamente en esas miradas, en esas palabras, en esos movimientos de la mano dibujando estelas que no son tuyas, que son historias.